A bordo del Meteor, un grupo de científicos explora las profundidades del Atlántico. Cinco semanas en un espacio reducido. Un desafío para los hombres y mujeres de la expedición. Su misión: estudiar el fondo marino.
Tres de la madrugada en pleno Atlántico. El FS Meteor está rodeado de oscuridad, pero las 58 personas a bordo están completamente despiertas. Todas las miradas se dirigen a la grúa del barco que recupera el dispositivo de exploración sumergido a cinco kilómetros de profundidad. El oleaje hace que el aparato golpee contra el casco.
La investigación de las profundidades abisales exige el uso de equipos resistentes. El acero y el titanio deben soportar la enorme presión del fondo abisal. Con gran esfuerzo, los marineros suben el dispositivo a cubierta. Pero la caja está vacía; no hay sedimentos del fondo, solo agua. Se nota la decepción y la tensión. Cinco semanas en el mar, cada día a bordo es un desafío; no solo económico. Así que no queda otra: otro intento antes de que salga el sol.
"De las profundidades marinas probablemente más del 90 por ciento de las especies animales aún no se han descubierto”, afirma el biólogo marino Torben Riehl. La misión es urgente. El cambio climático, la sobrepesca, las perforaciones petroleras y la contaminación amenazan este misterioso hábitat. Riehl quiere estudiar esos seres vivos antes de que desaparezcan.