En junio de 2024, Joanna pierde a su hijo Philipos, de 20 años. Tras la fiesta de graduación de su hermana, otro joven lo golpea brutalmente. Dos días después, Philipos muere. El presunto autor, un sirio de 19 años, es detenido.
Una tarde de verano termina en tragedia. Tras la fiesta de graduación de su hermana, Philipos, de 20 años, es brutalmente agredido en Bad Oeynhausen. Mientras Joanna llora la muerte de su hijo, Philipos se convierte en noticia y su muerte se aprovecha para volver a debatir en el Bundestag y en los medios de comunicación la política de asilo en Alemania.
La madre de Philipos no participa en ese debate. Para ella, la nacionalidad del agresor no tiene importancia: «El médico que luchó por la vida de mi hijo es sirio. Mi peluquero también. ¿Y yo? Yo soy polaca».
En cambio, Joanna, que es muy creyente, intenta encontrar una manera de lidiar con su ira, su rabia, su desesperación y su dolor. Busca consejo en una psicóloga de prisión y en un sacerdote: ¿por qué tuvo que morir Philipos? ¿Puedo estar enojada con el agresor? ¿Tengo que perdonarlo?
Se sienta frente al acusado en el Tribunal Regional de Bielefeld, soporta los informes de la policía, los testimonios de los testigos, escucha los resultados de la autopsia de los médicos forenses, ve las imágenes de su hijo muerto en la mesa de autopsias.
«Escuchar lo inconcebible, lo doloroso, saber cómo murió Philipos... se lo debo a mi hijo».