Lagos, el corazón económico de Nigeria, late al ritmo de las riquezas de las petroleras, pero también al ritmo de la desesperación de los pobres. Con 20 millones de personas compitiendo por obtener su parte de la lucrativa industria del petróleo, la criminalidad está en auge.
El robo, la extorsión y la corrupción invaden cada rincón de la ciudad, donde los ricos viven detrás de muros fortificados y los pobres luchan por conseguir algunas migajas. Las calles de la ciudad son un campo de batalla por la supervivencia. Incluso las montañas de basura, del estercolero, tienen su valor, y las actividades ilícitas prosperan a la sombra de la corrupción estatal. Desde los sobornos pagados por los altos funcionarios hasta las transacciones realizadas en las calles, Lagos se mueve al ritmo del dinero y la promesa de ganancias rápidas. En este entorno inestable, la brecha entre los ricos y los pobres es inmensa, y el peligro acecha en cada esquina.