Detrás de los cultivos, las industrias y las ciudades hay algo más importante que el petróleo o el territorio: el agua dulce. Desde que existen las civilizaciones, el agua ha definido los equilibrios de poder en el mundo. Y a medida que se ha convertido en un recurso cada vez más escaso, las disputas por su dominio no han hecho más que agudizarse.
Más de la mitad del agua dulce del planeta la comparten países que no siempre se llevan bien. Etiopía y su gran presa del Nilo tienen a Egipto en vilo; India y Pakistán mantienen viva la amenaza del Indo en pleno conflicto por Cachemira; China aprieta el grifo del Brahmaputra y del Mekong a India y al sudeste asiático; y en Ucrania e Israel, el agua ha dejado de ser solo un recurso para convertirse en un arma de guerra.
España no escapa a esta lógica: entre embalses, trasvases y una apuesta creciente por la desalinización, el país libra su propia batalla para sostener un modelo agrícola cada vez más incompatible con su clima.
Hoy en "No es el fin del mundo" hablamos de la lucha por el agua: el recurso imprescindible.