El pequeño Julen Roselló, de dos años, cayó en un pozo de prospección en un pueblo de Málaga. El agujero, excavado ilegalmente, tenía 71 metros de profundidad y un diámetro de 25 centímetros. Para llevar a cabo el rescate, se perforó un conducto paralelo de mayor diámetro, en una operación en la que participaron más de 300 personas y maquinaria pesada.
13 días después, el cuerpo sin vida de Julen fue encontrado entre dos capas de tierra. Vista de cerca, es una historia llena de sombras: especulaciones delirantes por parte de la prensa que no hicieron más que aumentar el dolor de los padres, improvisaciones y errores en la operación, y disputas políticas entre las administraciones.